miércoles, 18 de mayo de 2016

Somos adictos a encerrar…

Somos adictos a encerrar emociones, sentimientos… Quizá por el temor a volverse vulnerable y ser dañado o quizá por el miedo al qué dirán.
Pero también somos adictos a encerrar animales. Adictos a encerrar animales para nuestro propio divertimento, ¿hay algo más antropocéntrico que eso?

Hace tiempo, vi esta tira cómica de Calvin y Hobbes que refleja a la perfección lo que acabo de decir:


¿Puede ser que este afán de encerrar todo lo que está a nuestro alrededor se deba al mero hecho de que nos hemos creado una absurda imagen de «seres superiores» que, para hacer valer su poder, hacen daño a los demás seres vivos?

martes, 17 de mayo de 2016

Yo soy adicto a...

El corto que se grabó en clase fue una experiencia única. Yo tuve la suerte de estar con las cinco Blancanieves y fue una experiencia increíble.
Creo que al principio nadie tenia claro que iba a pasar, si íbamos a ser capaces de tomarlo enserio, pero cuando se grabó con la primera Blancanieves, el final fue muy impactante, no te imaginas que algo así vaya a tener esa repercusión en una persona y que luego nos vaya afectando a todos.
Es muy duro tener que pasar a alguien que es tan "pura" esa adicción que tienes tú encima y pasársela a ella.
El mal pesa, y que gran verdad, toda
s esas adicciones que fueron diciendo que aunque no se te habían ocurrido a ti, acabas dándote cuenta de que no somos tan diferentes, que todos somos adictos a cosas muy parecidas y que las llevamos en silencio y pesan.
Con las siguientes Blancanieves fue algo más tranquilo el pasarle el peso que teníamos ya que supieron quitárselo de encima muy bien aun que alguno necesitó la ayuda de los demás.

Ese día volví a casa con un peso menos al compartir con los demás esas adicciones que nos persiguen.


(Sacada de google)

lunes, 16 de mayo de 2016

Lo perfecto y lo imperfecto en un dibujo

Siempre me ha gustado mucho dibujar, es en ese momento en el que puedes relajarte y crear todo aquello que puedas imaginar.

Desde pequeña ya hacía todo tipo de dibujos, me encantaba ponerles color.  Y cuando ya era más mayor, por un tiempo olvidé un poco como me gustaba expresarme cuando era pequeña, es como si hubiese olvidado cómo me sentía al dibujar, por lo que la verdad es que me estaba alejando, sin darme cuenta, de aquella niña que disfrutaba con algo muy simple, pero enriquecedor.
Dibujo hecho por mí, en noviembre de 2001

Años después decidí volver a retomarlo, lo echaba de menos. Esa vez me lo tomé más en serio, quería dibujar algo más realista, y a veces conseguía que así fuese. Pero mis dibujos eran en blanco y negro, simplemente utilizaba lápiz. 
Dibujo hecho por mí, día 14 julio 2013

Actualmente, también he dibujado, pero menos que antes. Mis dibujos de ahora también son a lápiz solamente, y busco la perfección en ellos. Esto ha provocado que no sepa seguir con ellos y no los termino por miedo a estropearlos.
Dibujo sin terminar hecho por mí, día 24 marzo 2016

Por lo tanto, me he dado cuenta que en verdad los dibujos no tienen por qué ser perfectos, ya que querer que los sean hace que dibuje con miedo y que no acabe lo que he empezado. Los dibujos imperfectos pueden mostrar incluso mejor  un sentimiento, emoción o situación que estés viviendo. Mi niña interior me dice que pinte a color, sin pensar: “sólo pinta”. En cambio, mi yo de ahora y el de hace unos años, piensa en pintar algo más perfecto. Curioso, ya que siempre me he preocupado por hacer las cosas perfectas ya que he estado rodeada de personas que así lo hacían, si yo no lo hacía, la verdad, que me hacía sentir mal. ¿Por qué no cambiarlo ahora?
Al realizar este dibujo sentí una sensación extraña, lo difícil que es pintar sin pensar, dejarte llevar, mezclar colores, elegir colores al azar sin pensar cual pega con cual, si quedará muy oscuro el dibujo o muy claro. Cuando voy viendo cómo va siendo el dibujo siento que no está bien, que no está quedando bonito, por lo tanto me cuesta no pensar, todavía permanece ese miedo a que no esté perfecto. Los sentimientos son los pinceles de este dibujo, de ahí que sea tan abstracto y tan lleno de energía de mí misma, de mi yo de ahora, y parte de mi niña interior que aparece en momentos en algunos trazos, los más claros. Por lo que he podido comprobar, todavía me queda un poco para sacar a mi niña interior de la manera en la que yo quiero, pero está ahí, la veo en mi dibujo tan abstracto. Pero aún priorizan las partes oscuras, posiblemente sea por mi estado de ánimo, es algo que quiero cambiar, algo que intento cambiar recuperando a mi niña interior hace unos meses.





domingo, 15 de mayo de 2016

16 Transformaciones; La última manzana; Ni Blanca Ni Nieves; Ni Blanco Ni Negro; Manzanieves; De blanco a negro; Blancanieves en Alma Pura; Blancanieves entre manzanas;…

Soy adicto a mentir, soy adicto a la tristeza, soy adicto a criticar, soy adicto al sufrimiento, soy adicto a hacer daño, soy adicto a confiar,…
Adicciones que nos atan en ocasiones, y que mayoritariamente no son buenas para nosotros pero aun sabiéndolo nos aferramos a ellas. Como Blancanieves con la manzana, mordida 16 veces en el vídeo que realizamos en clase. Cada mordisco le aportaba una pequeña adicción representada de color negro que se adhería en la Blancanieves, cada vez con mayor fuerza y cantidad.

Yo en ese día, tenía la sensación de tener que ser bruja en ese momento, quitarte mi peso de encima, “mi parte negra”. Se la aportaría a otra persona, a la Blancanieves, sí es cierto, pero ella sabría destruirla o deshacerse de ella, al menos mi Blancanieves sí supo cómo hacerlo. La forma en la que lo hizo me provocó angustia, sentía su sensación de agobio rodeada de tantas partes negras, tantas adicciones de las que el círculo nos habíamos desprendido, en cierta manera. Al verla angustiada, yo creo que no sólo a mí me transmitió esa angustia, sino al resto del grupo también, por lo que algunos acudieron a ayudarla a desprenderse esas partes negras.
De camino ya a casa estaba con el móvil y vi la foto de debajo de este texto. Yo creo que resumía bastante bien esa tarde, y la experiencia vivida muy enriquecedora y llena de energía, que todos terminamos agradeciendo.


sábado, 14 de mayo de 2016

Luces, cámara y acción.

En el rodaje del corto de Blacanieves fue una experiencia única porque no sabia cómo iba a acabar.
La verdad que ponerse en la piel de Blancanieves he ir mordiendo 15 manzanas mientras te van diciendo adicciones con las que te sientes identificada, es muy fuerte.
En el momento que lo hacía no te dabas cuenta del significado o de la importancia de esas palabras o de esas adicciones.
Me chocó mucho el final, porque personalmente cuando dije mi adicción (adicta al dolor) me sentí por un momento liberada, pero enseguida ese sentimiento volvió al terminar el ritual ya que la compañera que se puso en la piel de Blancanieves lo pasó mal.
Me paré a  pensar el cómo hubiera reaccionado yo al tener que escuchar 15 adicciones. Es obvio que ha medida que las vas escuchando te sientes identificada ya sea porque tu también eres adicta a eso o porque lo has sufrido. Pero es duro. a mí me hubiese costado escuchar esas palabras y seguramente hubiese querido llorar, gritar o descargar mi rabia.


Pero a pesar de todo, fue una experiencia muy bonita.
Parecía que al decir esas adicciones,tu alma se fuera liberando poco a poco de ella, y de ahí a que nos quedáramos con las camisetas de color blanco.

Yo creo que este ritual nos ha uno un poco más como grupo.

viernes, 13 de mayo de 2016

"La adicción de la manzana"

El día de ayer clase fue un día muy emotivo para todos, nadie imaginábamos que grabar este corto nos iba hacer despertar tantas emociones. Aunque nos lo tomáramos a juego o a que solo era un pequeño corto, lo que pudimos vivir fue muy diferente. 

Todos pudimos expresar y sacar de nosotros cosas o sentimientos que desgraciadamente nos ha tocado vivir o situaciones en las que otras personas nos hayan hecho daño. Fue bueno poder sacarlo de dentro de ti pero no tanto transmitírselo a otra persona, es decir, si tu lo has pasado mal en esa situación no quieres que otras personas pasen por lo mismo. 

En mi caso dije varias adicciones diferentes, la primera de ellas fue, soy adicta a las mentiras, creo que a nadie nos gustan que nos mientan, de hecho prefiero una verdad que duela a una mentira que en principio no dolerá pero cuando sabes que te han mentido duele el doble.
Otra soy adicta al dolor, creo que a todos nos han hecho daño alguna vez por alguna razón y nos hemos sentido demasiado mal, con ganas de llorar y de no saber nada de nadie.
Y por último soy adicta a querer a la gente por el interés, a nadie nos gusta que las gente nos quiera solo de vez en cuando, sino que nos quiera tal y como somos tanto en las buenas como en las malas, porque para cuando a la otra persona le convenga estar conmigo yo ya no voy a estar para ayudarle.

Creo que fue una experiencia que nos ayudo a todos, tanto al grupo como para nosotros mismos. En general esta asignatura nos ha ayudado a sacar cosas de nosotros que antes no sabíamos que existían o rescatar del recuerdo aquellas que teníamos olvidadas. 


(Imagen de Google)

jueves, 12 de mayo de 2016

Espejito, espejito…

«Espejo mágico dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa?»
Ante dicha cuestión, todas(os) o la mayoría sabemos de qué película se trata, pero… ¿qué pasaría si se trasladara de la ficción a la realidad?
Yo (Blancanieves) con mi madrastra.

Hace tres semanas, hicimos nuestra errancia arquetípica en Sigüenza. La pregunta que surcó mi mente antes de embarcarme en este maravilloso viaje fue «¿Me sentiré libre por fin?»
Libre, sin persecuciones, sin ataduras. Así me sentí al final del viaje que, aunque supuso acabar con los pies llenos de heridas como consecuencia de huir de mi madrastra, se convirtió en una aventura más que memorable.
En esta ocasión la tentación no fue encarnada por una apetitosa manzana roja, sino por un banco. ¿Un banco? Sí, un banco en el que me senté entregándome a uno de los siete pecados capitales (la pereza), lo que me condujo a la perdición, pues ahí me «pilló» mi madrastra.
Me llama especialmente la atención el número 7. Siete son los pecados capitales y siete son los enanitos que, precisamente, intentan proteger a Blancanieves de todo peligro. Además, uno de los siete enanitos es bautizado como Dormilón y, en nuestra cultura, una persona que duerme mucho se considera que es una persona perezosa.
Dormilón, uno de los siete enanitos de Blancanieves (Google Imágenes)

De esta intensa experiencia, me quedo con el dulce sabor a libertad, tan ansiada por muchos y degustada por pocos.
Después de esta breve reflexión sobre mi incipiente sentimiento de libertad, creo que es muy oportuno tener en cuenta la siguiente frase:

«Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo.» Franz Grillparzer